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13.3.10

Oscars, guerras, perros

-El pasado domingo tuvo lugar el espectáculo cinematográfico anual por excelencia: los Oscars. Un derroche de frivolidad (la palabra que tan certeramente usó Campanella para definirlo) y de glamour inalcanzable, para unos premios tan odiados como necesarios para abrir unas cuantas puertas a unos pocos elegidos o para añadir un par de ceros más al caché de alguna estrella del celuloide, o del CCD, o del megapíxel. La gala tuvo como presentadores a Steve Martin y a Alec Baldwin (este último tenía toda la cara de haber salido de una película de los años 50). Desde luego que eché de menos la chispa de Hugh Jackman y sus hilarantes números musicales del año pasado, en los que él mismo no podía aguantarse la risa mientras cantaba porque era para descojonarse. La realización fue en algunos momentos mediocre, el ritmo de otras ediciones este año aplastado por los michelines de Mo’nique. Por lo demás, las mismas injusticias, los mismos ajustes de cuenta tardíos y las mismas preguntas de siempre, tan absurdas como fuera de lugar, como si los premios de la Academia hubieran demostrado desde siempre tener un gusto exquisito. Un dechado de justicia cinematográfica. Claro, hombre. Quién si no podría haber salvado la noche que Sandra Bullock levantando el Oscar con el Razzie en el sobaco, pero no, eso no pasó.

-Ya tenemos entre nosotros el tráiler del reportaje de la recreación histórica que se realizó con motivo del bicentenario de la Guerra de la Independencia en Málaga y en la que tuve el placer de participar como cámara en la medida que me fue posible. Quizá “tráiler” sea una palabra demasiado pretenciosa, así que vamos a dejarlo en “avance”. Toma avance:



-Y por supuesto, no puede faltar la racioncita de autobombo. Esta vez, una interpretación posmoderna de un clásico infantil, “D’Artacan y los tres mosqueperros”, remezclada con el aire rancio del breakbeat más caótico, descoordinado y abrasivo del cambio de siglo:

6.3.10

Werner Herzog, el cineasta extremo

Un extremófilo (de extremo y la palabra griega φιλíα=afecto, amor, es decir "amante de -condiciones- extremas") es un microorganismo que vive en condiciones extremas, entendiéndose por tales aquellas que son muy diferentes a las que nosotros vivimos.
(Wikipedia)

Si considero a Werner Herzog como uno de los cineastas vivos más fascinantes que hay sobre la tierra se debe a que su cine es un fiel reflejo de la vida tan extrema y llena de situaciones absurdas que ha tenido. Es uno de esos casos en los que cineasta y persona se complementan, alguien de quien no importa que su vida y su obra se justifiquen mutuamente. Gracias a ello el Herzog artista posee una mirada única y una profundidad de análisis del alma humana al que pocos directores han llegado.

Herzog es hijo de una yugoslava y de un padre de ascendencia francesa, bohemio, que por lo visto se dedicaba a leer en pelotas bajo el sol en lugar de trabajar. Fue esto, quizá, lo que llevó a pensar a Herzog que su vida no era del todo normal y que no debía serlo en futuro...

El caso es que ya en su época de estudiante empezó a despuntar. Sus primeros cortometrajes los rodó con una cámara de 35 mm que robó de la escuela de cine de Munich (él mismo lo consideró no como un robo, sino como “una necesidad”). Su formación fue autodidacta. En Pittsburgh, ciudad en la que cursó parte de sus estudios universitarios, Herzog se ganaba la vida y se costeaba sus cortos con lo que sacaba trabajando de soldador, aparcando coches o dedicándose al contrabando de armas y televisores entre Estados Unidos y México. En Estados Unidos vivió también con una comunidad india con la que intentó crear un Estado independiente.

Herzog era un caminante insaciable. Con 15 años se pateó media Europa, desde Munich hasta Albania y Grecia. En 1974 viajó de nuevo a pie desde Munich hasta París para visitar a la historiadora de cine Lotte Eisner y llevarle su película El enigma de Gaspar Hauser. Era un hombre infatigable, ávido de situaciones límite que luego plasmaría en sus obras a través de personajes lunáticos, soñadores, outsiders, o todo a la vez.

De todos es sabido, por cierto, el tándem que formó junto a su actor fetiche en los años 70 y 80, el temperamental Klaus Kinski, actor que conocía desde la infancia. Kinski llegó a decir de él:

Es un individuo miserable, se me pega como una mosca cojonera, rencoroso, envidioso, apestoso a ambición y codicia, maligno, sádico, traidor, chantajista, cobarde y un farsante de la cabeza a los pies. Su supuesto "talento" consiste únicamente en torturar criaturas indefensas y, si hace falta, matarlas de cansancio o asesinarlas. Nadie ni nada le interesa, a excepción de su penosa carrera de supuesto cineasta. Impulsado por un ansia patológica de causar sensación, provoca él mismo las más absurdas dificultades y peligros y pone en juego la seguridad e incluso la vida de otros, sólo para después poder decir que él, Herzog, ha domeñado fuerzas aparentemente insuperables.

Sobre este respecto es absolutamente recomendable el documental Mi enemigo íntimo, en el que Herzog relata las vivencias rayanas en lo demencial que tuvo con Kinski.

Otro caso curioso fue el de Bruno Schlenstein, protagonista de El enigma de Gaspar Hauser y Stroszek, dos de las películas más representativas y, sobre todo en el caso de la segunda, extrañas del director alemán (Stroszek, por cierto, fue la película que se merendó Ian Curtis, el cantante de Joy Division, antes de atarse el cuello a una soga y largarse al otro barrio. Ahí queda eso).

Sobre Schlenstein, cuenta Ramón Alfonso en Miradas de Cine:

[Era] hijo de una prostituta, pasó toda su infancia internado en un psiquiátrico hasta convertirse en un inadaptado. Dotado para las artes (la pintura y la música), al parecer Herzog reparó en su presencia en un documental sobre músicos ambulantes y lo convirtió en el protagonista de su recreación de la historia de Gaspar Hauser.

Son dos personajes con los que Herzog, para bien o para mal, mantenía una conexión que iba más allá del plano profesional. Algo espiritual que encajaba con la necesidad de Herzog de desnudar el alma humana y mostrárnosla tal como es, libre de prejuicios o juegos morales establecidos por la sociedad. Todo su cine está plagado de personajes peculiares en escenarios no menos peculiares, descontextualizados de su ambiente presuntamente habitual (Kinski en la selva amazónica en Fitzcarraldo, los pintorescos habitantes de la estación McMurdo en Encuentros en el fin del mundo, Timothy Treadwell en Grizzly Man, por poner algunos ejemplos).

Herzog, además, ha rodado en casi todos los sitios imaginables: Camerún, Grecia, las islas Canarias, la selva amazónica, Australia, un volcán en erupción en plenas islas Antillas, la Antártida, Kuwait... Incluso puede presumir de ser el único cineasta al que le hacen una entrevista ¡y recibe un tiro en mitad de la grabación! El momento quedó recogido así:


A él le debo muchos grandes ratos frente a la pantalla, con su cine explorador de inhóspitos parajes de la naturaleza y del alma humana, un cine sin duda influido por una vida plagada de WTF's que ha tenido, sin los que, seguro, Werner Herzog no sería Werner Herzog.

22.2.10

Miscelánea con frambuesa

-Me sorprendió muy gratamente Celda 211, pero más me sorprendió en la pasada gala de los Goya la reacción hiperteatralizada de Daniel Monzón cuando dijeron su nombre como mejor director. ¡Como si se le hubiera pasado por la cabeza que no iba a ganar! Otro ejemplo de que la modestia es un arte muy difícil de dominar.


-Hay un anuncio, no recuerdo de qué producto, en el que en algún momento se oye algo muy parecido a esto: "el tacaño de mi marido compró un detergente barato y eso se acabó notando". Lógicamente el fin de este anuncio es disuadir a los consumidores de que compren marcas blancas, pero llevándolo a un extremo grosero, faltando el respeto de todos aquellos compradores que tienen que ahorrar para llegar a fin de mes. La desesperación de las grandes empresas ante la pérdida de cuota de mercado a favor de las marcas blancas hace que tengan que llegar al último recurso de la provocación. Lo importante es que se hable del anuncio y del producto, sea para bien o para mal. He aquí mi respuesta: no pienso comprar un producto de marca en lo que me queda de vida siempre que exista un equivalente de marca blanca. Lo habéis conseguido: me voy a convertir en el hombre más tacaño del mundo.

-Los deportes de Cuatro son una pachanga orquestada por dos aficionados en el que, en un alarde de raciocino informativo, estructuran el programa de forma que lo más "importante" tiene que ir al final. Eso significa que la primera mitad del programa la tienen reservada a deportes minoritarios, es decir, ponen vídeos caseros de un fulano haciendo el imbécil jugando a la Wii o un gilipollas caminando por una piscina helada a punto de quebrar. Entre estas piezas de información, se dedican a insertar una especie de estúpidos "tráilers" de las noticias a su juicio más importantes. Estos "tráilers" los repiten una y otra vez durante todo el programa, de forma que muchas veces el mismo anuncio es más largo que la noticia en sí. Por no mencionar los patéticos "cara a cara" que montan con periodistas de la familia Prisa, las noticias con música de película de acción o las palmaditas en la espalda de Manolo Lama a su compañero en plan "hemos revolucionado la manera de informar". Los deportes de Cuatro deberían ser estudiados en las facultades de comunicación de todo el mundo.



-Esta semana Málaga ha sido "azotada" por una serie de borrascas que han hecho estragos en numerosos puntos de la provincia y la capital. Lo que ha ocurrido puede ser un pequeño equivalente doméstico al tsunami en el Pacífico o al terremoto en aquella zona absurdamente atestada de construcciones de penosa calidad. Una catástrofe de andar por casa que nos recuerda que, ante fenómenos naturales que se salen mínimamente de lo normal, Málaga se colapsa. Luego vienen las lamentaciones de la pobre familia que vive en una casa ilegal construida en el cauce del río Guadalfuck. Por poner un ejemplo. Y cómo no, hay que tomar medidas extraordinarias o si no la principal fuente de ingresos de la ciudad se irá a tomar por culo. Es lo que de verdad importa: ¡salvemos la capital del sol!

-Dice Friedrich Nietzsche en Así habló Zarathustra: "Yo os lo anuncio: es preciso llevar aún algún caos dentro de sí para poder engendrar estrellas danzantes. Yo os lo anuncio: aún se agita algún caos en vuestro interior".

-Cada vez que Jónsi saca un nuevo single a Chris Martin le da un ataque de tos.

13.2.10

"Once", lo pedante y algo más

Con el tiempo tan apacible que hace este fin de semana (este invierno Málaga parece una película húngara pedantosa, sólo falta que la imagen se desature hasta el blanco y negro y que los merdellones empiecen a hablar en alguna lengua de la Europa del este) he aprovechado para descubrir o redescubrir algunas películas que tenía pendientes.




¿Qué podemos hacer con una Sony HVR-Z1, 200 mil euros de presupuesto y dos individuos en la gris y tristona Dublín? John Carney se lo preguntó en 2006 y la respuesta que se le ocurrió fue Once, una pequeña joya que mezcla el amor con música indie con una sutilidad y sinceridad que ya quisieran otros con 40 veces más presupuesto.

No concibo esta maravilla rodada de otra manera. Puede que este sea de esos casos en los que la forma justifica el fondo y viceversa. Una simbiosis de reciprocidad perfecta: la imagen pastosa del digital, el feísmo involuntario de los desenfoques rojizo-verdosos, la cámara en mano que recuerda a Winterbottom. Todo esto se amolda perfectamente a una historia sencilla, sobria y directa, aderezada con los acordes de la guitarra de Glen Hansard, Óscar incluido por la maravillosa canción "Falling Slowly". ¿Se puede pedir más?



Estos días también he dejado sitio para ver por primera o enésima vez dos peliculitas muy especiales: Nostalghia, de Andrei Tarkovsky, y Tren de sombras, de José Luis Guerín. Leyendo críticas sobre ambas películas hubo algo que me volvió a llamar la atención, algo que tiene que ver con la eterna problemática de ese género periodístico tan denostado, polémico y socorrido a la vez: la crítica cinematográfica. No puedo evitar la reflexión: ¿está la crítica sujeta a unos parámetros inamovibles o debe aspirar a ser un medio de expresión libre?

Me resultó curioso comprobar cómo parece que existe cierta proporcionalidad entre la aridez o hermetismo en la expresión del cine y la necesidad de los críticos de utilizar sus textos como vehículo de lucimiento personal. Prueba inequívoca de que la "poesía" o pretensión de acercarse a ella guarda una relación directa con los intentos de cristalizar lo intangible o de darle sentido a lo que muestra y evoca el texto fílmico. Ya saben, aquel pedante que no pone límites a su verborrea sofisticada ante un Tarkovsky o un Guerín, que no puede ocultar su imperiosa necesidad de demostrar con orgullo que ha entendido cualquier película y que, lo que en otros sólo provocaba bostezos, en él la imagen filtrada por sus gafapastas ha elevado su talla intelectual por encima de los mortales.


Dicho esto, vuelvo a la pregunta que me hacía antes: ¿es la crítica un género con unas coordenadas definidas? ¿Tiene unos preceptos inalterables e inevitables? Piensen que podríamos establecer un paralelismo con el cine como arte inabarcable. Decían los formalistas que el arte del cine consiste en que puede acercarse o alejarse a la realidad todo lo que se desee, con el uso de la técnica. Yo añadiría que no sólo se trata de una distancia "cuantitativa", sino orgánica, cualitativa. El cine puede ser todo lo humano que se desee, puede ser el bisturí del cirujano que opera a un paciente o el pincel del pintor que se halla entre las tinieblas retratando el momento. Todo depende del qué, del orden y la forma. ¡Las posibilidades son infinitas! Es lo que hacen del cine algo apasionante, su carácter inmensurable, su infinito polimorfismo, su habilidad para convertirse en arte, industria, espectáculo o todo a la vez a su antojo.

Entonces, ¿por qué la crítica debe siempre ajustarse a unos parámetros? Si pensamos en la crítica como género periodístico, no podemos considerarlo sino como un nexo entre el "objeto artístico" y la realidad. Y he aquí el problema: los críticos nos acercan ese objeto a nuestro mundo terrenal, tratan, desde su posición de expertos, de dárnoslo a entender con la inmediatez y la tranquilidad de la palabra. Por eso muchos críticos no se cortan en levantar el vuelo incluso más allá de lo que nos enseña la película, a veces aplicando los mismos axiomas de los que se vale el cineasta para dirigirse a su público objetivo (el sabio Buñuel lo sabía a la perfección y se aprovechaba como nadie: "tú llena este bolso de plumas, que ya se encargarán los críticos de darle sentido"), otras veces, directamente, meando fuera de tiesto a mayor gloria de su persona.


El otro gran problema es la incapacidad de aprehender bajo los mismos parámetros una película u otra. ¿Deberíamos meter en el mismo saco Transformes 2 y la susodicha Tren de sombras? Sería injusto aplicar ese máximo común divisor a dos películas tan diferentes, del mismo modo que nuestra observación debería estar limpia de prejuicios a la hora de enfrentarse a un Dreyer o a un Spielberg, por ejemplo, pero esto pocas veces es así. Quizá para responder a los eternos interrogantes acerca de la crítica deberíamos tener presente lo que planteé anteriormente: ¿qué es el cine? ¿Qué no es?

Creo, en fin, que el ejercicio de la crítica debería a veces ceñirse menos a unas pautas inquebrantables, por la misma razón de que no existen unas reglas fijas que el cine deba seguir. Esto no quita, por supuesto, que debamos aplicar el sentido común a la hora de delimitar el terreno de la crítica.

Para los que aún sigan leyendo, aquí tienen la canción de Once que se llevó el Óscar. Pocas veces se dijo tanto con tan poco:

17.12.09

'Manhattan', homenaje a Nueva York

La novena película de Woody Allen llegó en 1979, un año después de la irregular 'Interiores' ('Interiors', 1978), su homenaje a Ingmar Bergman, uno de sus dioses. En esta ocasión trata de nuevo dos de sus temas predilectos (el amor, las infidelidades) volviendo al tono irónico que tanto éxito le dio.

En 'Manhattan' el director neoyorquino vuelve a poblar la trama de personajes tan típicos de su cine. Eternamente insatisfechos, buscan desesperados al amante perfecto que dé sentido a sus vidas. Diane Keaton está excelente en su papel de la redicha Mary, mujer compleja y sofisticada que acabará conquistando con su verborrea a Isaac (Woody Allen). Michael Murphy interpreta con solvencia a Yale, amigo de Isaac y amante de Mary. Y luego está la figura de Allen, decepcionado por su vida laboral y sentimental, que busca consuelo en la pureza inocente de la joven Tracy (una Mariel Hemingway angelical). “Soy más viejo que su padre”, dice sardónico Isaac, quien mientras tanto tiene que lidiar con su impetuosa ex mujer, Jill (perfecta Meryl Streep).

Allen se mueve como nadie en la alta comedia, la de ambientes sofisticados y personajes complejos, tan complejos como la majestuosa y vibrante ciudad de Nueva York que los ampara. Porque 'Manhattan' es, ante todo, un panegírico a la ciudad fetiche de Woody Allen. Con los compases del Rhapsody in blue de George Gershwin contemplamos en todo su esplendor la ciudad que nunca duerme, sus gentes, el bullicio, el arco iris colorido de las luces de neón que se intuyen tras el blanco y negro con que se nos muestran.

Y es que ese blanco y negro y el formato cinemascope son los dos recursos formales que primero llaman la atención en esta película, recursos hasta ese momento inéditos en la filmografía de Woody Allen. A primera vista, se podría pensar, el blanco y negro es un homenaje de Allen a sus maestros clásicos, pero si nos detenemos a analizar la película más profundamente descubrimos que el neoyorquino ha querido ir más allá. En un alarde de elegancia, Woody rehúye de los colores naturales para mostrarnos sutilmente los sentimientos descompensados, descoordinados, la disparidad de personalidades imposibles de congeniar; las diferencias, en fin, a las que no para de aludir durante toda la película. Son los personajes con sus discursos, silencios, con sus pensamientos y actitudes complejos o elementales los que ponen el “color” en esta película.

En combinación con el blanco y negro, Allen opta en esta ocasión por el formato panorámico. 'Manhattan' sería una película muy diferente si no hubiese sido rodada así. Un scope desequilibrante que pone distancia entre los personajes mediante la combinación con la luz y elementos físicos del decorado. Allen subraya el carácter laberíntico y complejo de las personalidades que retrata aprisionando a los personajes en los límites del encuadre, a menudo en composiciones agobiantes en las que aparecen éstos en un extremo y elementos como paredes o muebles llenando el resto del plano, provocando una sensación de desequilibrio e incomodidad que sin el uso del scope perdería mucha fuerza.


Síntesis perfecta luz-scope. Un plano que podría ser antecesor de la polivisión rosaliana.




Una eternidad entre Woody y Diane.

Son recursos, pues, no usados caprichosamente, sino que obedecen a una intención por parte de Allen de servir a una historia de infidelidades y amores imposibles. Todo ello narrado con pulso firme, sin prisa pero sin pausa, en un tempo en consonancia con el devenir de su ciudad favorita: directo y sin concesiones al aburrimiento. Es el Woody Allen intelectual, culto, irónico y en ocasiones desternillante, como afortunadamente muchas veces se ha vuelto a ver a lo largo de su carrera. Puro Allen en estado de gracia.

*Texto originalmente escrito para un ejercicio de crítica cinematográfica de una asignatura de la carrera. Disculpad la corrección política.

11.12.09

"El asesinato de Herman Pfefferberg"

El pasado miércoles 9 de diciembre tuvo lugar el IV Maratón de cortometrajes Cinesur Málaga Nostrum. Una noche en la que triunfó el gran cine, con piezas que rozaron la maestría y un ganador que a todas luces mereció el premio, ovación cerrada del público incluida.

Entre las obras proyectadas estaba nuestra última creación: "El asesinato de Herman Pfefferberg", un trabajo ímprobo que nos llevó meses de escritura y reescritura del guión, castings agotadores (en los que llegamos a contabilizar 900 aspirantes para el papel principal) y un rodaje largo, tan accidentado que casi le cuesta la vida a uno de nuestros actores. Ni que decir tiene que en este trabajo lo hemos puesto todo de nosotros, nos hemos volcado humana y artísticamente hasta niveles que rozan la demencia, pero viendo el resultado, creemos que ha merecido la pena*.

Aquí lo tienen, en esplendorosa calidad Vimeo:



*En el texto de esta entrada hay cierta información que no es del todo cierta. Dejo para el avezado lector la tarea de averiguar dónde se halla.

23.9.09

Mis momentos cojonudos del cine (I)

Inauguro una nueva serie/sección/etiqueta del blog (aún no lo tengo claro) donde iré depositando mis momentos cojonudos del cine. Con "momentos cojonudos" no tengo por qué referirme a las escenas memorables de todos los tiempos, sino a las secuencias, escenas, momentos o incluso detalles de cierta película que llamaron mi atención. Los iré posteando aquí para compartirlos con vosotros.

Comenzamos con un momento cojonudo de 'La delgada línea roja', la obra maestra de Terrence Malick. En realidad toda la película podría considerarse un momento cojonudo, pero para no crear polémica seleccionaré un par de ellos.

Guadalcanal, 1942. El ejército de los Estados Unidos se dispone a pararle los pies a los japoneses en esta isla del archipiélago de las Salomón, en el Pacífico. Los seres humanos no tienen mejor escenario donde dirimir estúpidamente sus diferencias que en pleno paraíso, donde la naturaleza vive en paz.

Terrence Malick confronta la belleza natural de este paraíso con el hombre que llega allí con su absurda violencia, tan capaz de destrozar al enemigo con sus fuegos de artificio que de sorprenderse como un niño con las maravillas que le depara una isla. Un soldado estadounidense, en este caso un chaval de no más de 18 años, en mitad del fragor de la batalla, se detiene ante una inocente planta.



El chaval pasa su dedo por la hoja de la planta y ésta se cierra estremeciéndose, como atrapando a su presa o defendiéndose de su enemigo.







Malick tiene una capacidad increíble para pasar de lo más grande a lo más pequeño, de lo más grave a los más inocente, en tan sólo un corte, sin apenas transición. Este momento enmarcado en ese contexto, como tantos otros detalles en esta película, me puso los pelos de punta.

Próximamente, más momentos cojonudos.

26.2.09

Oscar 2009

El pasado domingo vi por primera vez de principio a fin la gala de los Oscar, ese circo de la frivolidad, ese espectáculo made in USA, elegante, lleno de ritmo y con una atmósfera mágica como sólo ellos saben fabricar. Sobra decir que para nuestro regocijo patrio la noticia fue la estatuilla que fue a parar a Penélope Cruz por su interpretación en 'Vicky Cristina Barcelona', del cada vez más agotado Woody Allen. En las ediciones digitales de todos los periódicos era el titular con el tamaño más grande (hasta que Bermejo puso pies en polvorosa, ay, pobre Pe), mientras que el bochornoso caso de 'Slumdog Millionaire' y demás avatares de la gala quedaban arrinconados al lado de la mirada luminosa de la de Alcobendas.

Pero lo más destacado no fue lo de Penélope, sino los ocho Oscars del film de Danny Boyle. Es interesante comprobar que, si por el número de estatuillas nos guiáramos, 'Slumdog Millionaire' es mejor película que 'La lista de Schindler' o 'American Beauty' o que Gustavo Santaolalla es mejor compositor que el mismísimo Ennio Morricone. Sospecho que éste será otro de esos casos en que la película ganadora pasará de moda en unos años y la gran perdedora será la recordada, como ya pasó en 1981 con 'Gente corriente' y 'El hombre elefante' (se nota que no les dolió nada a los académicos aquellas palabras de Mel brooks). Me va a costar perdonarles el ninguneo de 'El curioso caso de Benjamin Button', 'Wall-E' (un Oscarcillo a la mejor animación, compitiendo con películas como 'Kung Fu Panda', sin comentarios) y sobre todo 'El caballero oscuro', que no competía en la mayoría de las categorías no técnicas. Mención especial para las manos vacías con las que se fue Werner Herzog con su maravillosa 'Encuentros en el fin del mundo'. Otra vez será, amigo Herzog, aún te queda mucho Cine por delante.


Pero bueno, donde esta gente no suele equivocarse (porque también es difícil equivocarse) es con los films de menor duración, esas pequeñas joyitas que las nominaciones a los Oscar las salvan de caer en el olvido. Es el caso del "mejor corto de animación" de esta edición, 'La maison en Pétit Cubes', una obra de arte del japonés Kunio Kato. Aquí lo tienen:



En fin, otro año del mainstream cinematográfico que se cierra, y otro que comienza a partir de ya. ¿Apostará el año que viene la Academia por la ciencia ficción y caerá sobre nuestro amigo Cameron otra lluvia de Oscars por su 'Avatar'? ¿Será 'Tetro' la obra maestra definitiva que Francis Ford Coppola lleva prometiendo desde hace años? ¿Cómo será lo nuevo de Iñárritu, Tarantino, Amenábar y demás? Pronto lo sabremos...

10.12.08

Ciro Altabás

Ciro Altabás encarna a la perfección el ideal que tengo del perfecto cortometrajista. Por un lado, tenemos a un chaval de treinta añazos de una imaginación desbordante, friki hasta la médula, largamente instruido en el mundo de los videojuegos, de una concepción tremendamente geek de nuestro mundo. Y por otro lado tenemos a un tipo con una soltura increíble para narrar historias con la cámara, como ya demostró con 'DVD', un corto que barrió en medio centenar de festivales. Además Ciro es un señor que no se despeina haciendo un corto en 35 mm y luego tirando de cámara semiprofesional para narrar la última locura que se le ha ocurrido.

Lo que más me gusta de este cortometrajista es que mientras otros, en su afán por trascender, realizan ejercicios pretenciosos y pedantes de cine, Ciro se lo pasa bomba narrando historias desenfadadas, con personajes descojonantes, usando un montaje trepidante, luminoso, colorido.

Ya hablé un pelín de 'Hobby' en este post, del rato tan descacharrantemente geek que presenciaron mis ojos. Para colmo tuve la oportunidad de ver en sesión doble el anterior corto que realizó, 'Made in Japan', sobre un tipo (él mismo) que va a Japón a tirar la basura y a conocer a su verdadero padre. Creo que sobran las palabras:



Si visitáis su web podréis ver casi todo lo que ha hecho hasta ahora. Mención especial para 'Phobia', su trabajo más antiguo disponible en la red, un originalísimo repaso por las fobias más disparatadas, y 'DVD', su obra más premiada hasta el momento, un cortometraje que hundió mi moral de lo jodidamente fresco, ingenioso y divertido que es.

Hace poco más de una semana el bueno de Ciro puso entre nosotros su último trabajo, 'Manual práctico del amigo imaginario'. Es su demostración definitiva de que este tío tiene un futuro muy prometedor en el mundo del cine.



El día que proyectaron 'Hobby' en el Festival de Cine de Málaga, Ciro estaba nervioso como un flan, como si fuera la primera vez que se ponía delante de una multitud. Hablaba de forma tímida, muy humilde, y el aplauso que recibió al final de la proyección la recibió con una mirada como preguntándose qué hacían casi 100 personas aplaudiéndole durante un minuto y pico. Es un chico cuya única meta en esta vida es hacer lo que más le gusta, sin más pretensión que hacerlo cada vez mejor y más grande, que acoge sin arrogancia la admiración por su talento (cuántos deberían aprender de ti, Ciro, cuántos). Sin ambages, con una sinceridad certera, y sin dejar de cultivar lo que alimenta su imaginación, el frikismo.

Lo dicho, lo más cercano que he visto hasta ahora a mi ideal de perfecto cortometrajista.

5.12.08

Reflejado

Con seis días de retraso, aquí estoy dando mi primera señal de vida blogosférica desde que se diera a conocer el resultado de las votaciones del Tercer Maratón de Cortometrajes Cinesur Málaga Nostrum, en el que 'Reflejos' ha quedado en primer lugar. Como todo buen people's choice award que se precie, y debido al escaso margen de diferencia con el segundo clasificado, el resultado no ha estado exento de comentarios del tipo "si hubiera votado al otro corto no habrías ganado", "se traspapelaron dos papeletas que tenían marcado 'Reflejos'", "esto es un tongo con una casa, con votaciones endogámicos de grupitos de enardecidos seguidores que aplauden en los títulos de crédito del principio", etcétera.

Sin entrar en polémicas innecesarias, hemos de estar agradecidos por la iniciativa de los responsables de Cinesur Málaga Nostrum, que desde hace tres años se molestan en dedicar una sala y una noche al año (con el pequeño pellizquito en sus ganancias que eso conlleva) para que nuestros cortometrajes sean proyectados en una pantalla gigantesca. Es una experiencia a la que todo cortometrajista soñador debe tener derecho.

Y yo, particularmente, agradezco al público haber incluido entre sus tres candidatos al cortometraje 'Reflejos'. La verdad, no me esperaba la respuesta que ha tenido. Y por supuesto, agradecer de nuevo el esfuerzo desinteresado de todos los que han hecho posible este cortometraje, todos los que nos apoyaron a Kike y a mí, todos los que no nos apoyan, los que nos miran por encima del hombro, los que reconocen que hago un trabajo cojonudo y los que reconocen que mis cortos son una mierda pinchada en un palo. Gracias a vosotros mantengo viva mi ilusión de avanzar y superarme en esta maravillosa carrera que es el mundo del cine.

Y qué mejor manera de celebrar esta pequeña victoria que enfrascándome durante cerca de 15 horas seguidas montando en tiempo récord (maldita presión) este trabajo de clase:



O enseñando a todo el universo (dudo que pase de las 100 visitas) el corto que quedó en octava posición en ese mismo maratón, 'La plaga':

18.5.08

El otro, o por qué a veces debe sonar la flauta

Aquí tienen mi último cortometraje, El otro.



El otro es un corto que rodé en apenas 2 horas una tarde de domingo con un sol esquivo, un guión inexistente y unos actores nerviosos por sus deberes profesionales y académicos. Pero desde luego el recuerdo que me llevo de aquel día es impagable, amén de haber aprendido unas cuantas lecciones de dirección cinematográfica que nunca tendré que olvidar. Además, ha sido ganador del 1er premio en el concurso "Reto-Corto", dentro del marco de la "Semana de la Cultura Creativa" de la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga. Y por si fuera poco, ha sido emitido 2 veces en el canal Localia TV. Es hasta ahora la obra más rentable que he creado en mi vida, según la relación "medios empleados-beneficios obtenidos".

Y es que El otro, en su imprecisión, en su trazo grueso, se debate entre la autorreferencia bombillista, la opresión de La cabina de Mercero y la crudeza en blanco y negro de Ocurrió cerca de su casa de Belvauz y Bonzel, todo ello en un puré con tropezones tras haberlo pasado por la batidora de forma apresurada. El resultado es un tanto impreciso en lo que se refiere a mis intenciones, pero precisamente por ello parece impregnarse de un encanto que a unos les parece una ridiculez y a otros algo mágico y perturbador.

Por último, quiero agradecer a todo el equipo que colaboró conmigo y a Alej Montecatine por su 2º puesto en el certamen. Esto no ha hecho más que comenzar...